Por: Mario Sotelo -
Primera parte: Dicen, las personas más longevas de Parrita, que los materiales para la construcción del puente sobre el Río Parrita llegaron por vía marítima desde Honduras. Con la bonanza de trabajo, en las bananeras y la construcción de la línea ferroviaria, se empiezan a establecer los poblados en ambas riberas del río Parrita, iniciando así la construcción de una de las obras más importantes del Cantón de Parrita, nuestro Gigante de Acero, pero en realidad esa estructura era de hierro, que por una connotación se le admiraba como de acero. Para muchos era como una obra munumental, que escribió en cada una de sus vigas, línea de tren, y paso peatonales, muchas historias y anécdotas a lo largo de tantos y tantos años.

Entre los episodios más sobresalientes, es que logró sobrevivir a través del tiempo, a la Segunda Guerra Mundial, la Revolución del 48, el terremoto de Parrita de 6.8 grados, la "llena" inundación del 56, y otros eventos importantes, para mantenerse erguido, como si quisiera contarle a las generaciones venideras todas sus vivencias. Y pasaron las décadas y los tiempos cambiaron y con el tiempo el tren y su línea vivieron su último episodio en la década de los 60's, para empezar a escribir una nueva página de nuestro Gigante de Acero, que se pavoneaba, ya convertido en paso para la incipiente industria automotriz.

Con muy poca tecnología y poco ocio, era común que en las tardes calurosas de verano, la muchachada de entonces, lo utilizaban de trampolín desde la parte más alta, para competir por el mejor clavado, y ganarse la admiración de las muchachas presentes, que en cada chapuzón hacían su respectivos comentarios. También su paso peatonal  servía de escenario para las parejas que se declaraban amor eterno.
Dicen algunos y contradicen otros, que el auge de la aviación agrícola, llevó a los más temerarios pilotos, Castillo, Valerin, Cepillin, Pompy y un Alemán, a realizar  acrobacias aéreas en sus avionetas y en piruetas que paraban la respiración de los presentes, una y otra vez lo atravesaban por debajo, utilizando el poco y ajustado espacio entre sus bases, esta versión está en discusión todavía.

En verano y con el agua cristalina, los más destacados arponeadores Beto, Romain, Cogo, Regis, Eli Durán y otros, se sentaban en sus bases, con su "alcahuete en el agua" (señuelo de madera en forma y tamaño de un róbalo) a esperar el mejor ejemplar de esta especie, que después, exhibían orgullosamente. Nuestro Gigante de Acero, también funcionó de red social, obligatoriamente y colgando de  la parte más alta de los dos extremos, las mantas anunciaban los mejores bailes, en el salón la Popular, un turno con gallina achotada en alguna comunidad, y hasta la venida del " Macho Carazo", Don Rodrigo Carazo, Expresidente de la República, en la década de los 70s.
Créditos a: Don William Arias por recopilación de datos