Por: Mario Sotelo -

El día domingo 14 de marzo de 1926, hace 100 años, el convoy de la Northern Railway Company realizaba una excursión de 40 km entre las ciudades de Alajuela y Cartago, pasando por la capital, San José. Viajaban más de 1000 personas y fallecieron 385, se dirigían a participar en un turno organizado por el cura Claudio Volio Jiménez para recaudar fondos para el Hogar de la Vejez de Cartago.

En principio, se había dispuesto solamente una locomotora sencilla para realizar el viaje, sin embargo, la popularidad de la excursión hizo que la suscripción de personas aumentara, por lo que los encargados decidieron utilizar el convoy ofrecido por la Northem Railway Co., el cual constaba de una locomotora, un furgón y seis vagones de pasajeros. La salida del tren fué a las 7:30 de la mañana del 14 de marzo, lo cual la locomotora partió de la ciudad de Alajuela con la mitad de su capacidad total. Realizó dos paradas más en la localidad de San Joaquín y en la ciudad de Heredia, donde se le unieron otros tres vagones de pasajeros.

La cantidad de personas provocó que muchos no pudieran abordar el tren, por este mismo motivo los encargados decidieron no hacer la última de las paradas que estaban previstas. Dicho accidente también conocido como la Tragedia del Virilla se sucitó en el puente sobre el cañón del Río Virilla en el margen entre el Cantón de Santo Domingo y el Cantón de Tibás, pertenecientes a la provincia de Heredia y la provincia de San José respectivamente, a 3,8 km al Noroeste del centro de la ciudad de San José de Costa Rica. Se indica que miles de personas se subieron al tren, superando la capacidad de los vagones, muchos viajaban en los techos y pasillos.

El tren supuestamente repleto de pasajeros se descarriló mientras hacia la travesía siendo considerado el peor accidente ferroviario en la historia de Costa Rica, con un total de 385 personas muertas, heridas 93 y varias mutiladas.
En la sipnosis se dice que el tren debía atravesar un descenso que a su vez formaba una curva.
A las 8:20 de la mañana, la máquina y los primeros tres vagones ingresaron al puente.

En este momento el maquinista aceleró para poder superar una cuesta que se encontraba más adelante, pero no se percató de que el último de los vagones aún no había atravesado la curva.
La aceleración, sumada a la cantidad excesiva de personas en los carros, hizo que el último de estos inclinara hacia la izquierda y se saliera de las vías, arrastrando a su vez a los dos carros que lo precedían y que no habían llegado al puente.
El último vagón quedó sobre un pastizal al lado de las vías del tren, en cambio los otros dos corrieron peor suerte: el penúltimo carro se ladeó por completo y cayó una altura de sesenta metros en la barranca norte del cañón del río matando instantáneamente a todos los pasajeros que se encontraban en su interior.

El antepenúltimo vagón chocó contra la estructura del puente y se dobló por la mitad, quedando una parte sobre el puente y la otra colgada sobre el precipicio.
Inmediatamente después del accidente, la máquina y los tres vagones que se encontraban a salvo siguieron su camino con el objetivo de informar lo antes posible la emergencia. En cuestión de minutos empezaron a llegar socorristas, médicos y policías para iniciar las tareas de rescate, labores que se vieron dificultadas pues muchos de los cadáveres y heridos habían caído hasta las aguas del río o se encontraban colgados sobre los árboles y la vegetación de la pendiente.

El rescate se extendió durante todo el día domingo, toda la noche y el día lunes. Muchos de los heridos fueron trasladados en otros trenes a hospitales en Heredia y Alajuela. Los cadáveres, en cambio, fueron alineados a orillas del río para su posterior reconocimiento. La magnitud de la tragedia fue tal que marcó un antes y un después en la seguridad de los transportes en Costa Rica, recordada por un monumento en el cementerio de Alajuela, y una placa en Santo Domingo de Heredia.

El gobierno de Ricardo Jiménez Oreamuno declaró tres días de duelo nacional debido a la dimensión de la tragedia marcando profundamente la memoria colectiva del país.
Además, las banderas ondearon a media asta y los cines, bares y otros lugares de entretenimiento permanecieron cerrados. Varios Gobiernos de alrededor del mundo enviaron condolencias a los familiares de las personas muertas en el accidente.
La tragedia, que dejó un río de sangre, dio origen a la expresión popular costarricense: "Más se perdió en el Virilla".